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miércoles, 29 de marzo de 2017

UNIFERAG y La Deriva



Cuenta la leyenda que, durante todo el siglo XVIII, un solo barco zarpó lleno de marineros, con el objetivo de dominar toda la costa atlántica. Creyendo que había juntado a varios de los más audaces navegantes de la zona pronto se dio cuenta de que la mayoría de ellos era de “mojarse los pies en la playa” y, en el mejor de los casos, “hacer el muerto” en algún remanso del río más tranquilo de la región.

Unos aseguran que estaban mitad del ciclón más grande que recuerdan y otros que era una brisa marina en un día que refrescaba, el caso es que aún no habían soltado el ancla y ya había varios enfermos, un par de mareados y un síntoma común de náuseas. Querían conquistar el mar pero se vieron contra un enfurecido océano que les amenazaba y destrozaba cada vez que ponían un pié en el barco. Y así estuvieron dos años intentándolo, con su uniforme granate y azul cielo. Mención a parte eran las historias que contaban en la taberna del puerto, donde nunca fallaban y en las que sí que se hicieron famosos.

Pasaron esos años infructuosos como simples héroes en un mundo de monstruos marinos, titanes y violentos corsarios pescadores vestidos de negro. En el fragor de algunas de esas batallas alguno asegura que llegó a ver al mismísimo Satán.

Dándose cuenta de que el Atlántico es un océano demasiado poderosos se decidieron por el Mediterráneo y sus durísimas condiciones: 20º de temperatura media y olas de más de 15 centímetros. Pero lo afrontaron con la misma ilusión: querían dominarlo. Y estuvieron a punto. Sin embargo, pronto se vieron sometidos a un rumbo errante y quedaron a La Deriva.

Porque no sólo hacen falta marinos y filósofos, sino una estructura que abarque desde la proa hasta la popa y desde estribor hacia babor. “Desafiar al oleaje sin timón ni timonel” no es la mejor forma de tomar las aguas llenas de piratas y sus secuaces. Hace falta un vigía, remeros y un único y gran capitán. Todos miran a Jorge. Hay algunos que piensan que no debería ser él. Pero esos son unos hijos de puta.

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